No sé, no sé nada.
No sé qué hacer ahora, no sé en qué pensar, no sé cómo seguir. Nada.
No paras de lastimarme ¿tu orgullo te dejará ver eso?
Me faltas, no puedo llenar el vacío que dejaste y que cada día llenas más.
Creo que me ahogo. Lloro. Respiro. Y vuelvo a llorar.
No logro entender qué pasó, qué te pasó.
Siento que de verdad no puedo.
Hice y hago lo posible y lo imposible.
Te amo. Te creo. Te justifico. Te odio. No te creo nada. Te vuelvo a amar.
Ya no tengo fuerzas, no tengo más fuerzas para sufrir.
Nunca creí poder amar tanto, pero tampoco sufrir así.
No puedo soltarte y vos me dejas sola, no me ayudas. Nada.
Te perdono todo, ya nada me importa.
Soy capaz de hacer lo que sea por vos, darte mi vida si es necesario.
Siento muchas cosas.
Amor. Decepción. Enojo. Tristeza. Vacío. Odio. Desesperación. Amor de nuevo.
Necesito tu abrazo, solo eso.
Una sonrisa tuya me salvaría, pero ya conmigo hace mucho no reís.
Me vuelvo a ahogar. Te extraño. Fumo. Te pienso. Lloro.
Yo antes de vos ya existía, pero no era la misma, me cambiaste.
Te hablo. No respondes. Insisto. Me lastimas. Lloro.
Me prometí no volver a llorar por vos y lo vuelvo a hacer.
Me prometí olvidarte, y no puedo.
Me prometí odiarte, y no me sale.
Me prometí no perdonarte, y te vuelvo a perdonar.
Me ahogo. Te vuelvo a amar.
M.C.
lunes, 12 de agosto de 2013
lunes, 29 de julio de 2013
Recordé
De golpe sin pensarlo me acordé de tu voz.
De esa vez que hablamos por primera vez, que nos escuchamos por primera vez.
Estabas tímido, no sabías qué decir. Yo tampoco, pero no quería dejar de escucharte.
Me enamoré de tu voz.
Y empezaron a venir muchos recuerdos a mi cabeza. Recuerdos que están constantemente,
pero que no quiero recordar porque me angustia saber que tal vez no se vayan a repetir jamás.
Recordé tu risa, tu manera de mirarme, tus manos, la forma en que me besabas.
tu mirada, tu inocencia, la manera en que sabes cómo volverme loca, tu picardía,
tu piel, tu manera de cuidarme, tus miedos. Y te quiero acá, a mi lado en la cama,
en mi vida, en mis manos, en mi boca, porque en mi pensamiento vivís, no te vas nunca.
Las ganas que tengo de hacerte feliz superan todas tus expectativas.
M.C.
De esa vez que hablamos por primera vez, que nos escuchamos por primera vez.
Estabas tímido, no sabías qué decir. Yo tampoco, pero no quería dejar de escucharte.
Me enamoré de tu voz.
Y empezaron a venir muchos recuerdos a mi cabeza. Recuerdos que están constantemente,
pero que no quiero recordar porque me angustia saber que tal vez no se vayan a repetir jamás.
Recordé tu risa, tu manera de mirarme, tus manos, la forma en que me besabas.
tu mirada, tu inocencia, la manera en que sabes cómo volverme loca, tu picardía,
tu piel, tu manera de cuidarme, tus miedos. Y te quiero acá, a mi lado en la cama,
en mi vida, en mis manos, en mi boca, porque en mi pensamiento vivís, no te vas nunca.
Las ganas que tengo de hacerte feliz superan todas tus expectativas.
M.C.
lunes, 22 de julio de 2013
Recapitular
Uno a veces no consigue ver las cosas hasta que están lejos.
Deja que las inseguridades, miedos y presiones lo sobrepasen,
y vive la felicidad, pero a la vez dejándola pasar creyendo que nunca va a terminar.
Todo eso que parecía irrelevante se convierte ahora en motivo principal,
y jura, siente con el alma ser feliz, pero no se da cuenta que lo puede estar arruinando.
Y luego recapitula.
Los momentos de besos, caricias, miradas, risas, complicidad,
placer, felicidad, dulzura, romanticismo, amor, deseo, bienestar total, siempre están,
pero en este momento uno recuerda lo malo, peleas, miedos, frustraciones, orgullo,
dificultad y todos los errores que uno pudo haber cometido y se culpa a si mismo.
Uno siente que ya no quiere nada más en la vida, que con eso le alcanza para ser feliz,
pero la ausencia de eso mismo le genera una angustia profunda.
M.C.
Deja que las inseguridades, miedos y presiones lo sobrepasen,
y vive la felicidad, pero a la vez dejándola pasar creyendo que nunca va a terminar.
Todo eso que parecía irrelevante se convierte ahora en motivo principal,
y jura, siente con el alma ser feliz, pero no se da cuenta que lo puede estar arruinando.
Y luego recapitula.
Los momentos de besos, caricias, miradas, risas, complicidad,
placer, felicidad, dulzura, romanticismo, amor, deseo, bienestar total, siempre están,
pero en este momento uno recuerda lo malo, peleas, miedos, frustraciones, orgullo,
dificultad y todos los errores que uno pudo haber cometido y se culpa a si mismo.
Uno siente que ya no quiere nada más en la vida, que con eso le alcanza para ser feliz,
pero la ausencia de eso mismo le genera una angustia profunda.
M.C.
jueves, 4 de julio de 2013
Extraño
Te extraño.
Podrían ser solo esas dos palabras, nada más.
Extraño tu inocencia, y tu picardía al mirarme.
Extraño tu risa, su sonido y tu boca al reír.
Extraño tus manos, cada dedo y cada cosa que hacen.
Extraño tus canas que no representan para nada experiencia.
Extraño tu mal humor y terquedad.
Extraño tu voz, que al escucharla me acaricia todo el cuerpo.
Extraño tu entrega, como nunca jamás lo habías hecho antes.
Extraño tu complicidad junto a la mía.
Extraño tu humor, que me atrajo de entrada.
Extraño tu vulnerabilidad que dejabas que cuide.
Extraño tu manera de tocarme.
Extraño enseñarte, cuidarte.
Extraño que me cantes al oído.
Extraño la manera en que me agarrabas de la mano y me llevabas,
como dijiste "para que no me escape".
Extraño cada mirada, cada roce, cada palabra.
Extraño la manera en que me hacías tuya, con cada detalle.
Extraño tus celos.
Extraño la manera en que me rozabas con la lengua las encías.
Extraño mirarte y mirarte verte reír.
Extraño que me beses la espalda al terminar de hacerme el amor.
Extraño tu presencia.
Extraño el aroma de tu pelo.
Extraño estar con vos en la cama, sin hacer nada, solo riendo que es lo que más me gusta.
Extraño la manera en que pensabas en mi.
Extraño darte placer y sentirlo a la vez.
Extraño cada "te amo" saliendo de tu boca y tus manos.
Extraño cada abrazo infinito.
Extraño encendernos y enredarnos en la cama.
Extraño que me retes, tu forma de cuidarme.
Extraño que me busques y te guste encontrarme.
Extraño verte mientras dormís.
Extraño tu piel y la forma en la que se entiende con la mía.
Extraño que cures cada cicatriz que tengo en el alma.
Extraño la forma en la que se te escapaban los deseos.
Extraño todo de vos.
Te extraño.
Y no sé cómo calmar ésto que siento día y noche.
Porque aunque no te guste que lo diga, sos mi mundo y si no estás en el me apago.
Y me estoy apagando de tanto entrañar.
M.C.
Podrían ser solo esas dos palabras, nada más.
Extraño tu inocencia, y tu picardía al mirarme.
Extraño tu risa, su sonido y tu boca al reír.
Extraño tus manos, cada dedo y cada cosa que hacen.
Extraño tus canas que no representan para nada experiencia.
Extraño tu mal humor y terquedad.
Extraño tu voz, que al escucharla me acaricia todo el cuerpo.
Extraño tu entrega, como nunca jamás lo habías hecho antes.
Extraño tu complicidad junto a la mía.
Extraño tu humor, que me atrajo de entrada.
Extraño tu vulnerabilidad que dejabas que cuide.
Extraño tu manera de tocarme.
Extraño enseñarte, cuidarte.
Extraño que me cantes al oído.
Extraño la manera en que me agarrabas de la mano y me llevabas,
como dijiste "para que no me escape".
Extraño cada mirada, cada roce, cada palabra.
Extraño la manera en que me hacías tuya, con cada detalle.
Extraño tus celos.
Extraño la manera en que me rozabas con la lengua las encías.
Extraño mirarte y mirarte verte reír.
Extraño que me beses la espalda al terminar de hacerme el amor.
Extraño tu presencia.
Extraño el aroma de tu pelo.
Extraño estar con vos en la cama, sin hacer nada, solo riendo que es lo que más me gusta.
Extraño la manera en que pensabas en mi.
Extraño darte placer y sentirlo a la vez.
Extraño cada "te amo" saliendo de tu boca y tus manos.
Extraño cada abrazo infinito.
Extraño encendernos y enredarnos en la cama.
Extraño que me retes, tu forma de cuidarme.
Extraño que me busques y te guste encontrarme.
Extraño verte mientras dormís.
Extraño tu piel y la forma en la que se entiende con la mía.
Extraño que cures cada cicatriz que tengo en el alma.
Extraño la forma en la que se te escapaban los deseos.
Extraño todo de vos.
Te extraño.
Y no sé cómo calmar ésto que siento día y noche.
Porque aunque no te guste que lo diga, sos mi mundo y si no estás en el me apago.
Y me estoy apagando de tanto entrañar.
M.C.
lunes, 24 de junio de 2013
Me duele el alma
Me quise sentar a escribir y no sé qué decir.
El miedo y la felicidad a veces paralizan, el dolor también.
Hoy estoy paralizada, sin poder hacer lo que quiero
y obligada a hacer lo que no quiero.
Uno a veces pone muchas expectativas sobre algo y sobre alguien
y esas pueden caerse de golpe.
Se cayó, se cayó todo lo que estaba armando,
y se me armó un dolor en el pecho, vos me lo armaste. De golpe.
Dolor que siento al recibir ese trato, dolor que se siento ante tal desprecio, dolor que siento por cómo me castigas no habiendo hecho nada, dolor por tener tantas preguntas y ninguna respuesta, dolor que siento porque ahora no sé qué hacer, no sé dónde estoy parada, no sé cómo seguir sin vos, dolor que siento como no había sentido antes, dolor por imaginarte en la boca de otra, dolor que siento porque me decís que no te importo pero a la vez decís que me queres mucho, que me necesitas, dolor porque no sos ese del que me enamoré, sos otro, dolor porque inevitablemente me decepcionaste,
dolor que siento porque ya no estás.
Pero no puedo parar de preguntarme si todo eso es porque ya no soy la misma para vos, no soy lo mismo para tu vida, o porque te estás defendiendo, defendiendo del dolor y pasandomelo a mi.
Creyendo que de ésta manera estás solucionando las cosas, que lo vas a poder resolver,
y no, en la cama de otra solo podes poner el cuerpo,
no el alma, no las risas, no la felicidad que ponías conmigo.
Podes decirme lo que quieras, podes decirle a todo el mundo
que no te importa nada de mi, pero yo se que mentís.
Yo sé que conmigo desplegaste una parte de vos, que ni vos mismo conocías
y te asustaste, eso que descubriste te dio terror, no lo soportaste.
¿Y sabes que era eso? Amor, te enamoraste, te entregaste por completo
y me entregué por completo a vos, y no supiste cómo manejarlo
y saliste corriendo, dejándome un hueco en el alma.
Ya no sé que hacer. Vos con otra. Yo sin vos.
Es todo un desastre dentro mio, dejaste todo hecho pedazos
y ni siquiera sé hasta dónde te importa o si te acordas de mi cuando hablas con ella.
Yo no soy lo mejor, lo sé, tengo errores, muchos, tengo miedos, muchos más,
pero no merezco lo que me estás haciendo, aunque sea lo que te sale hacer
para defenderte del dolor y no te das cuenta que defendiendote vos mismo,
me tirás al suelo y viéndome tirada, me seguís pateando.
Me decís "Basta", que no te ame más, que no insista,
pero yo no te puedo decir basta a vos, basta de lastimarme,
basta de tratarme de esa manera, basta de hacerme lo que menos me merezco.
Y podrán pasar, una y otra, pero yo te marqué, yo no fuí las demás,
lo sé, me lo dijiste con palabras y miradas.
Yo te hice conocer el amor y me dijiste "gracias por enseñarme a amar"
y de ésta manera me pagás.
Hoy no soy nada, todo te lo llevaste, mis ganas de todo.
Hace semanas no duermo, no puedo comer, no me río, solo uso mis horas para extrañarte.
Pero me voy a quedar acá, en éste rinconcito sentada esperándote, porque cuando uno ama vuelve, cuando uno ama perdona, cuando uno ama da otra oportunidad, cuando uno ama hace todo por el otro, cuando uno ama espera, cuando uno ama da todo.
Ahora tengo seguridad de que me amaste, me lo dijiste, me lo demostraste en palabras,
miradas, caricias, pensamientos, en la cama y todos los rincones de la habitación,
con las manos y la piel, con las risas, con tu presencia,
pero no sé hasta dónde, eso lo sabré con el tiempo.
M.C.
El miedo y la felicidad a veces paralizan, el dolor también.
Hoy estoy paralizada, sin poder hacer lo que quiero
y obligada a hacer lo que no quiero.
Uno a veces pone muchas expectativas sobre algo y sobre alguien
y esas pueden caerse de golpe.
Se cayó, se cayó todo lo que estaba armando,
y se me armó un dolor en el pecho, vos me lo armaste. De golpe.
Dolor que siento al recibir ese trato, dolor que se siento ante tal desprecio, dolor que siento por cómo me castigas no habiendo hecho nada, dolor por tener tantas preguntas y ninguna respuesta, dolor que siento porque ahora no sé qué hacer, no sé dónde estoy parada, no sé cómo seguir sin vos, dolor que siento como no había sentido antes, dolor por imaginarte en la boca de otra, dolor que siento porque me decís que no te importo pero a la vez decís que me queres mucho, que me necesitas, dolor porque no sos ese del que me enamoré, sos otro, dolor porque inevitablemente me decepcionaste,
dolor que siento porque ya no estás.
Pero no puedo parar de preguntarme si todo eso es porque ya no soy la misma para vos, no soy lo mismo para tu vida, o porque te estás defendiendo, defendiendo del dolor y pasandomelo a mi.
Creyendo que de ésta manera estás solucionando las cosas, que lo vas a poder resolver,
y no, en la cama de otra solo podes poner el cuerpo,
no el alma, no las risas, no la felicidad que ponías conmigo.
Podes decirme lo que quieras, podes decirle a todo el mundo
que no te importa nada de mi, pero yo se que mentís.
Yo sé que conmigo desplegaste una parte de vos, que ni vos mismo conocías
y te asustaste, eso que descubriste te dio terror, no lo soportaste.
¿Y sabes que era eso? Amor, te enamoraste, te entregaste por completo
y me entregué por completo a vos, y no supiste cómo manejarlo
y saliste corriendo, dejándome un hueco en el alma.
Ya no sé que hacer. Vos con otra. Yo sin vos.
Es todo un desastre dentro mio, dejaste todo hecho pedazos
y ni siquiera sé hasta dónde te importa o si te acordas de mi cuando hablas con ella.
Yo no soy lo mejor, lo sé, tengo errores, muchos, tengo miedos, muchos más,
pero no merezco lo que me estás haciendo, aunque sea lo que te sale hacer
para defenderte del dolor y no te das cuenta que defendiendote vos mismo,
me tirás al suelo y viéndome tirada, me seguís pateando.
Me decís "Basta", que no te ame más, que no insista,
pero yo no te puedo decir basta a vos, basta de lastimarme,
basta de tratarme de esa manera, basta de hacerme lo que menos me merezco.
Y podrán pasar, una y otra, pero yo te marqué, yo no fuí las demás,
lo sé, me lo dijiste con palabras y miradas.
Yo te hice conocer el amor y me dijiste "gracias por enseñarme a amar"
y de ésta manera me pagás.
Hoy no soy nada, todo te lo llevaste, mis ganas de todo.
Hace semanas no duermo, no puedo comer, no me río, solo uso mis horas para extrañarte.
Pero me voy a quedar acá, en éste rinconcito sentada esperándote, porque cuando uno ama vuelve, cuando uno ama perdona, cuando uno ama da otra oportunidad, cuando uno ama hace todo por el otro, cuando uno ama espera, cuando uno ama da todo.
Ahora tengo seguridad de que me amaste, me lo dijiste, me lo demostraste en palabras,
miradas, caricias, pensamientos, en la cama y todos los rincones de la habitación,
con las manos y la piel, con las risas, con tu presencia,
pero no sé hasta dónde, eso lo sabré con el tiempo.
M.C.
viernes, 21 de junio de 2013
Las Relaciones
Me dormí a las 5 de la mañana y me desperté a las siete. Solo dos horas dormí, y eso que tomé dos pastillas para relajarme, pero nada. Nada hace efecto.
Pensé acerca de las relaciones.
Una amiga me preguntó "¿Seis meses te parecen mucho o poco tiempo?".
No creo en el tiempo cronológico de las relaciones.
Uno puede estar dos meses, ocho meses, un año, seis años o veinte.
Creo en la intensidad de la relación, la intensidad con que se vive esa relación.
Yo tuve relaciones, formales o no, de mucho tiempo, años y sin embargo, fue más,
mucho más intensa una relación de seis meses.
Se mide en cómo se vive cada situación, la que sea.
En las conversaciones, en el sexo, en las miradas, en los besos, en las risas, en las peleas y llantos, en el extrañar y necesitar, en el pensar en la otra persona, en recordarla y sonreír solo tirado en la cama, en darle todos los gustos, en celar, en miedos, en proyectos, en caricias, en palabras.
Se mide en cómo se vive cada una de esas situaciones con la piel, el corazón, el alma,
el cuerpo, la cabeza, cada extremidad, con la mente, con todo. Eso es intensidad.
Que una caricia o un beso no sólo pueda generar cosas en el cuerpo, sino también en el alma.
Que una palabra pueda llegar a la mente pero también a la piel, a todos los dedos del cuerpo.
Que el necesitar llegue a doler en los huesos.
Que cada proyecto que arman, aún sea inmediato, te de ganas de todo.
Que cada miedo, crezca tanto que te tape y te gane.
Eso es intensidad.
El tiempo cronológico no sirve de nada si esa relación no se vive intensamente.
Puede tener sus riesgos, el no solo vivir lo bueno intensamente, sino también lo malo, pero se VIVE.
Se siente todo con mucha fuerza, ganas, adrenalina, amor, seducción, necesidad, felicidad y tristeza, arrepentimiento, locura sana.
Se ríe con más fuerza y se es completamente feliz cuando se lo hace.
Se hace el amor y se siente con el cuerpo, el alma y la mente.
Se llora con tanto dolor, que la angustia te hace un agujero en el pecho.
Se mira a la otra persona y se sienten tantas cosas en el cuerpo y el corazón que no se pueden explicar.
Se tiene tanto miedo de perder eso, que se deja entrar los miedos a la casa
y dejar que lo tomen a uno de rehén.
Se disfruta tanto la compañía y presencia del otro que lo demás es decoración.
Se vive tan intensamente cada abrazo que uno se olvida que hay un afuera, que hay otros.
Eso es intensidad.
No es locura, no es obsesión, no es enfermedad. Es amor.
Es vivir una relación intensamente, con el cuerpo, el alma y todo lo que uno no creía tener o sentir.
Eso es vivir una relación intensamente. Eso es intensidad.
M.C.
Pensé acerca de las relaciones.
Una amiga me preguntó "¿Seis meses te parecen mucho o poco tiempo?".
No creo en el tiempo cronológico de las relaciones.
Uno puede estar dos meses, ocho meses, un año, seis años o veinte.
Creo en la intensidad de la relación, la intensidad con que se vive esa relación.
Yo tuve relaciones, formales o no, de mucho tiempo, años y sin embargo, fue más,
mucho más intensa una relación de seis meses.
Se mide en cómo se vive cada situación, la que sea.
En las conversaciones, en el sexo, en las miradas, en los besos, en las risas, en las peleas y llantos, en el extrañar y necesitar, en el pensar en la otra persona, en recordarla y sonreír solo tirado en la cama, en darle todos los gustos, en celar, en miedos, en proyectos, en caricias, en palabras.
Se mide en cómo se vive cada una de esas situaciones con la piel, el corazón, el alma,
el cuerpo, la cabeza, cada extremidad, con la mente, con todo. Eso es intensidad.
Que una caricia o un beso no sólo pueda generar cosas en el cuerpo, sino también en el alma.
Que una palabra pueda llegar a la mente pero también a la piel, a todos los dedos del cuerpo.
Que el necesitar llegue a doler en los huesos.
Que cada proyecto que arman, aún sea inmediato, te de ganas de todo.
Que cada miedo, crezca tanto que te tape y te gane.
Eso es intensidad.
El tiempo cronológico no sirve de nada si esa relación no se vive intensamente.
Puede tener sus riesgos, el no solo vivir lo bueno intensamente, sino también lo malo, pero se VIVE.
Se siente todo con mucha fuerza, ganas, adrenalina, amor, seducción, necesidad, felicidad y tristeza, arrepentimiento, locura sana.
Se ríe con más fuerza y se es completamente feliz cuando se lo hace.
Se hace el amor y se siente con el cuerpo, el alma y la mente.
Se llora con tanto dolor, que la angustia te hace un agujero en el pecho.
Se mira a la otra persona y se sienten tantas cosas en el cuerpo y el corazón que no se pueden explicar.
Se tiene tanto miedo de perder eso, que se deja entrar los miedos a la casa
y dejar que lo tomen a uno de rehén.
Se disfruta tanto la compañía y presencia del otro que lo demás es decoración.
Se vive tan intensamente cada abrazo que uno se olvida que hay un afuera, que hay otros.
Eso es intensidad.
No es locura, no es obsesión, no es enfermedad. Es amor.
Es vivir una relación intensamente, con el cuerpo, el alma y todo lo que uno no creía tener o sentir.
Eso es vivir una relación intensamente. Eso es intensidad.
M.C.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)